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22 September 2011 @ 09:27 pm
Project Z (Original story)  
Vayamos por partes porque esto tiene historia.

Todo empezó la noche que soñe que hacían la secuela de Zombieland pero en lugar de Emma Stone, la co-protagonista era Shannon Woodward. Se lo conté a Almu (loony_cuaron) que casualmente acababa de verla y estuvimos un rato hablando de lo genial que hubiera sido y descubrimos que hasta la ciudad de nacimiento de Shannon era genial como nombre del personaje.

La cuestión es que no me lo pude quitar de la cabeza y encima Almu me animaba, asi que una cosa llevó a la otra y al final me han salido unas 7.000 palabreja de chorradas que a Almu le han encantado y que me ha animado a publicar aunque no pensaba hacerlo. Hasta me ha dicho que le dejara el título provisional porque hasta eso le encanta! ((((((A))))))

Pues nada... Que esto es para tí, loony_cuaron... Y para todo el que tenga el valor de leerlo. XDDD

Basicamente es una secuela con los personajes de la película excepto Wichita y con uno totalmente mío: Phoenix.

Espero que os guste.

Project Z

Una de mis nuevas reglas es “Disfruta el momento porque en Zombieland nada es para siempre”. La añadí a la lista cuando seis meses después de que nuestra batalla épica en Pacific Playland murió Wichita. Sí, lo se… Se suponía que íbamos a vivir felices para siempre y si esto fuera una película romántica de esas que nunca admitiré que solía ver, Wichita aparecería de nuevo y todo habría sido un malentendido.

Pero está muerta. Podéis creerme. La disparé por segunda vez para asegurarme de ello.

Wichita era preciosa, divertida y tierna debajo de esa fachada de tía borde, pero reconozcamos que a veces tenía tendencias suicidas y la aventura de Pacific Playland lo dejó claro. Sin embargo, aunque irónicamente encender todas las luces de un parque de atracciones no fuera una idea brillante, entrar sola en un centro comercial porque se le había acabado el delineador de ojos era aún peor. Tal vez se estaba acostumbrando a que Tallahassee y yo estuviéramos allí para salvarla.

En cierto modo lo hice al meterle dos balazos en la cabeza cuando salió babeando y gruñendo en mi dirección mientras Tallahassee se llevaba a Little Rock para que no mirara.

Fue lo más difícil que he hecho en toda mi vida. Little Rock no me habló durante un mes y no la culpo por ello. Tallahassee estuvo más callado que de costumbre durante días porque a pesar de su fachada se que le importamos.

En cuanto a mi, estoy bien, gracias por preocuparos. O se que lo estaré. Tampoco se ha acabado el mundo.

***

La primera vez que nos vimos no hablamos. Recuerdo que Wichita aun estaba con nosotros y que estábamos en mitad de una batalla de las nuestras en busca de algo para comer cuando vi al zombie anteriormente conocido como el carnicero del supermercado acercándose a Wichita por detrás, apenas a medio metro de ella. No me dio tiempo a gritar para avisarla cuando se oyó un disparo y el zombie cayó al suelo. Me incorporé para mirar pensando que sería Tallahassee y entonces la vi. Una chica, más delgada y bajita que Wichita, con una melena ondulada y oscura hasta la cintura, vestida con unos vaqueros ajustados, botas militares y una camiseta negra al más puro estilo Sarah Connor y con unas gafas de sol sobre la cabeza y una escopeta gigantesca que aun no me explico como podía sostener.

Me miró unos segundos antes de ponerse las gafas de sol y desaparecer. Cuando Wichita se volvió ya no había ni rastro de ella.

Han pasado unos tres meses de eso y dos desde el desastre del delineador de ojos, y casi me había olvidado de ella cuando la encuentro otra vez.

Bueno, Tallahassee la encuentra. Lo que yo encontré fue una casa en la que pasar la noche.

***

La casa era lo suficientemente grande para los tres, no tenía luces encendidas ni había coches en el garaje así que decidimos probar suerte y entrar. Fui con Little Rock a hacer un reconocimiento por la planta de abajo mientras Tallahassee registraba los dormitorios. Encontramos una cocina bastante bien equipada con bastante comida en la despensa, un baño medianamente limpio, un buen sofá y una tele de plasma que no serviría de nada si no fuera por la amplia colección de DVDs. Por muy estúpido que suene, cada vez que veo una tele no puedo evitar lamentar la cancelación forzosa de mis series favoritas.

Decidimos que nos quedamos. Little Rock incluso sonríe por primera vez en meses al descubrir el DVD de su película favorita. Así que subimos a buscar a Tallahassee… para encontrarle atado a una silla.

- Columbus, Little Rock, como me alegra que os hayáis unido a nosotros. Esta es Phoenix.

Levanto la vista y la veo. La chica fantasma. La Sarah Connor del supermercado. Con el mismo atuendo y la misma escopeta solo que esta vez es a mí a quien apunta y yo levanto los brazos por instinto. El de Little Rock sin embargo es apuntarla a ella con su rifle.

- Te conozco – me dice. – ¿No te salvé el culo hace unos meses?

Asiento rápidamente con la cabeza, tragando saliva y sin bajar los brazos. En otra ocasión me habría sentido halagado de que una chica tan guapa me recordara pero seamos serios… Entre tanto zombie es muy fácil recordar a los pocos seres humanos que encuentras por el camino. Baja el arma a pesar de que Little Rock sigue apuntándola con los ojos bien abiertos.

- Así que Phoenix… ¿Eres de aquí?

- No. Soy el puto X-Men. – me contesta entornando los ojos mientras desata a Tallahassee.

Tengo que reconocerlo. Me encanta que una chica hable de superhéroes.

Le doy un codazo a Little Rock para que baje el arma pero no me hace caso. A Phoenix no parece importarle.

- Siento el recibimiento, chicos, pero aquí vivo yo, así que…

Silba y hace un gesto con la mano, señal inequívoca de que quiere que salgamos cagando leches de allí. Sin embargo Tallahassee y especialmente Little Rock no tienen ninguna intención de obedecer. Phoenix frunce el ceño y se cruza de brazos mientras Tallahassee se tumba en la cama de un salto.

Me acerco a ella antes de que a Tallahassee le de tiempo a abrir la boca y soltar una burrada que la cabree sin remedio y la toco en el hombro para llamar su atención.

- No tenemos donde ir, Phoenix. Te juro que mañana por la mañana nos iremos.

Parece considerarlo unos segundos.

- Solo esta noche – decide mientras se aparta de mi contacto. – Esto de la familia feliz no va conmigo. Yo viajo sola.

Sale de la habitación rápidamente y yo intento contenerme por no seguirla. Pero lo hago de todas formas. O lo habría hecho si Little Rock no se hubiera puesto justo delante de la puerta.

- ¿Qué crees que estás haciendo?

Parece ofendida, cabreada… Cuando tiene esa expresión en la mirada me da miedo, por muy patético que pueda ser tener miedo de una niña de trece años. Tampoco es que sea mi fobia más extraña.

- Voy a hablar con ella…

Little Rock parece furiosa y yo no entiendo nada. Miro a Tallahassee que parece muy interesado en la colcha de la cama.

- He visto como la miras. – La miro extrañado y ladeo un poco la cabeza. – La miras como mirabas a mi hermana.

- No tengo ni idea de lo que hablas.

Honestamente, no se de lo que habla. Solo es una chica. No es que vaya a enamorarme de cada una de las chicas guapas que vaya encontrando por el camino. Además, Wichita ya no está y si me interesara por Phoenix tengo todo el derecho del mundo ¿no?

Sin embargo a Little Rock no le digo nada de eso. La aparto un poco para hacerme paso y su mirada pasa de la de hermana furiosa a la de cachorrito abandonado. Me empuja y no se como reaccionar. Miro a Tallahassee que sigue fingiendo no enterarse de nada.

- Me prometiste que nunca la olvidarías.

Es verdad. Lo hice. Y no lo he hecho.

- No te preocupes, Little Rock. No he olvidado a tu hermana.

No podría hacerlo. Ojalá pudiera olvidar como venía hacia mí con los ojos vacíos y un mordisco en el hombro.

- Pero lo harás. Lo se. Tienes esa misma cara de idiota y la misma mirada de admiración que tenías cuando te conocí. Cuando la conociste.

Le tiembla la voz y le brillan los ojos. Parece que está a punto de echarse a llorar y no tengo la más minima idea de cómo hemos llegado a esto. Miro a Tallahassee una vez más buscando apoyo.

- La chica tiene razón, chaval.

Es todo lo que consigo de él. Debí suponer que se pondría de su parte. Así que, de alguna manera, soy el malo de la película.

Ahora soy yo quien se está cabreando.

- ¿Sabéis que? No tenéis ningún derecho a opinar sobre mi vida, ni a decirme con quien puedo o no puedo hablar, ni de opinar sobre mi cara o mis ojos. No conozco a Phoenix de nada y la verdad es que no había pensado en ella de ninguna forma romántica, pero ¿y que si lo hiciera? Wichita no está y no le debo nada a nadie.

Little Rock me mira con los puños apretados y hasta Tallahassee se ha levantado de la cama y me mira con reproche. Con un reproche que se que no merezco.

- Si queréis culpar a alguien, culpad a Wichita. Todo es por su culpa. Es ella quien nos ha dejado solos. Ella me ha dejado a mí, no yo a ella. Estoy seguro que Phoenix no arriesgaría su vida por maquillaje.

Salgo de la habitación apartando a Little Rock que ha perdido su lucha contra las lágrimas y oigo a Tallahassee decirme que me he pasado. Lo se. Me he pasado y se que ha dolido.

Pero ya estoy cansado.

***

Phoenix está en la cocina haciendo café, iluminada solo con una vela.

- Acuden a la luz, ¿sabes?

Sabe que soy yo sin volverse siquiera. Y yo pensando que era sigiloso.

- Ya… Dímelo a mí.

Gira la cabeza con una media sonrisa.

- ¿Quieres?

Asiento y me acerco a ella, apoyándome sobre la encimera de la cocina. A su lado.

- ¿Necesitas ayuda?

Niega ligeramente con la cabeza.

- Nah… ¿puedes mirar en la despensa a ver si queda algo de leche que no esté caducada todavía?

- Claro – le digo. Y empiezo a rebuscar. Todos los cartones están caducados desde hace meses, pero encuentro un pequeño bote de leche el polvo. Algo es algo.

Se la paso y sonríe tristemente mirando el polvoriento bote.

- A veces pienso que no vale la pena luchar. Vamos a acabar muriendo de hambre de todas formas.

Ha hablado bajito, como si estuviera sola. Supongo que está acostumbrada a estarlo.

- Guau. Eres el optimismo personificado…

Intento sonar alegre y parece que funciona porque ríe un poco y sigue preparando el café. La miro unos segundos, su rostro iluminado por el resplandor de la vela y su pelo relampagueando ante la tenue luz. Sus ojos tienen ese brillo cansado que tienen las personas mayores y más sabias a pesar de que apenas tendrá mi edad. También son un poco tristes.

Se que tiene razón. La comida es cada vez más escasa y cada día que pasa es más difícil sobrevivir, pero hay que tener esperanza. Además nos tenemos los unos a los otros…

Entonces lo recuerdo. Phoenix viaja sola.

Me aclaro la garganta antes de preguntarle el por que. Noto que se tensa y sin embargo, su voz suena despreocupada.

- No me gusta la compañía. Es una carga.

Niego con la cabeza.

- No es cierto. Little Rock y Tallahassee no son para nada una carga. Al contrario. Nos ayudamos mutuamente y nos necesitamos. Aunque a veces tengamos nuestras diferencias.

- ¿Cómo ahora?

Me lo pregunta mientras remueve el café y me pasa la taza.

- ¿Nos has oído?

Ríe brevemente. Me gusta su sonrisa.

- Lo que me extraña es que no os hayan oído todos los zombies a 100 Km. a la redonda.

Da un sorbo y sale de la cocina. La sigo y me siento en el sofá a su lado antes de beber de mi taza. Hacía tanto que no probaba el café que me sabe a gloria. Abro la boca para decir algo cuando Phoenix se me adelanta.

- ¿Quién es Wichita?

Cierro y abro la boca un par de veces buscando las palabras adecuadas. ¿Quién es Wichita? ¿Mi ex? ¿Mi difunta novia? ¿Mi novia zombie?

- La hermana de Little Rock.

Es lo más adecuado.

Levanta una ceja incrédula. Sigo hablando.

- Teníamos algo – ahora parece creérselo más. – Salíamos. Mas o menos… Lo más parecido a salir en estas circunstancias…

- Os acostabais – resume.

Sí.

- No. Bueno, sí, claro… - añado cuando empieza a reír. – Pero era algo más. Nos gustábamos. Nos preocupábamos el uno del otro. Cuidábamos el uno del otro.

- ¿Qué le pasó?

Parece genuinamente interesada y me mira con algo parecido a la preocupación. Triste.

- La maté. Bueno, un zombie la mordió. Yo solo…

- Hiciste lo que tenías que hacer – termina por mí y asiento con la cabeza. De repente me cuesta seguir tragando. – Dios, la vida es un asco.

Deja el café a un lado y rebusca en el armario hasta encuentra una botella de un licor dorado sin etiquetar que a simple vista no se identificar. Con un suave grito de triunfo levanta la botella y vuelve a sentarse a mi lado. Bebe un sorbo antes de pasármela.

Normalmente no bebo, pero ¿Qué coño? He tenido un día asqueroso. Doy un sorbo que me quema la garganta y le devuelvo la botella.

- ¿La querías?

No se que decir. ¿La quería? Me encojo de hombros.

- Supongo que sí.

- Yo sí le quería.

Lo dice de repente antes de darle un largo sorbo al licor. Vuelve a pasarme la botella pero la rechazo, así que vuelve a beber.

- Era el chico más guapo que había visto en mi vida. Íbamos juntos a la universidad y estábamos planeando irnos a vivir juntos cuando ocurrió… Ya sabes…

- Zombieland.

Ríe sin ganas.

- Exacto. Zombieland. Luchamos juntos durante un tiempo y matamos a muchos de esos hijos de puta. Tal vez está mal que yo lo diga, pero éramos buenos…. Hasta que se convirtió en un hijo de puta más y yo…

- Hiciste lo que tenías que hacer.

Ríe otra vez.

- Es más fácil creerlo cuando no se trata de ti, ¿verdad?

- Sí, supongo que sí – añado quitándole la botella de la mano y bebiendo.

- Por eso voy sola. Si no voy con nadie no me encariño con ellos y no duele cuando les pierdo.

Su voz suena rota. La miro y veo como el pelo le cae sobre la cara y me tengo que contener para no ponérselo tras la oreja.

- ¿Bebiendo sin mi?

Tallahassee como siempre interrumpiendo como si fuera su trabajo favorito. Baja las escaleras arrastrando los pies y se acerca a nosotros.

Phoenix se levanta y le pasa la botella, golpeándole suavemente en el pecho con ella.

- Quédatela. Me voy a la cama. El dormitorio principal es mío y no os quiero ver aquí cuando me levante mañana.

Ha vuelto la Phoenix fría que conocimos al principio. Ya no queda ni rastro de la chica vulnerable que me estaba contando su historia hace un minuto. Tengo que reconocer que me gusta esa chica. Es dulce.

- Buenas noches, Phoenix – le digo cuando apenas ha subido dos escalones.

Se para en seco durante unos segundos antes de seguir subiendo sin contestarme.

***

Tallahassee no dice una palabra mientras se bebe la botella entera y yo me termino mi café y el que ha dejado Phoenix. Le escucho roncar antes de que me de tiempo a preguntarle que quiere cenar.

Parece que Tallahassee se ha pedido el sofá.

El café me ha abierto el apetito así que, tras mucho rebuscar en la cocina, preparo un par de paquetes de macarrones con queso precocinados que he encontrado en la despensa y le subo uno a Little Rock.

Es mi manera de disculparme por haber sido tan gilipollas.

La encuentro en una habitación decorada en tonos rosa, con dos camas individuales, arrodillada junto a una casa de muñecas. Está llena de peluches, juguetes y en los cabeceros hay una S y una K. La habitación de dos niñas pequeñas. Aun se me hace un nudo en la garganta con estas cosas. Es tan injusto…

Me siento a su lado, levantando una nube de polvo de la alfombra rosa chicle y me esfuerzo por no estornudar.

- Te he traído…

- No tengo hambre.

Suspiro.

- Little Rock, yo…

- Lo siento.

Lo decimos los dos a la vez. ¿Lo siente?

- Se que no tengo ningún derecho a echarte nada en cara ni de meterme en tu vida. No has hecho nada malo y se que te importaba mi hermana, es solo que…

Toma aire y en ese justo momento tengo que esforzarme para verle los trece años que tiene.

- Soy yo quien lo siente, Little Rock. No debía hablarte así. No debía hablar así de tu hermana.

- Pero tenías razón.

Lo dice bajito y ya no se que añadir. Tal vez tuviera razón en algunas cosas que dije, pero hay cosas que hay que callarse. Especialmente si vas a hacer daño a alguien a quien quieres al decirlas.

Little Rock me abraza y rompe a llorar. La acaricio el pelo durante unos segundos y entonces me doy cuenta. Quiero a Little Rock. Es esa hermana pequeña que nunca tuve y que no me había dado cuenta de que quería hasta esta noche. Quiero a Tallahassee aunque jamás se lo diré porque no quiero que me de una paliza, pero es como ese tío enrollado al que pides consejos sobre chicas y que siempre te acaba contando una batallita.

Y quise a Wichita. Aunque no se si en la misma forma en la que Phoenix quería a su chico.

Casi tengo remordimientos por eso.

Little Rock me suelta y me quita el plato de macarrones de las manos después de secarse los ojos.

- Me pido la cama de la derecha – me dice con la boca llena de macarrones y no puedo evitar sonreír.

Supongo que me toca dormir en la cama junto al payaso de peluche.

***

Tengo asumido que a mi no va a matarme un zombie. Voy a morir de un infarto.

Apenas son las siete de la mañana y ya me he sobresaltado dos veces. La primera al recibir un golpe contundente en la cara con algo blando y la segunda al abrir los ojos y comprobar que es el estúpido payaso que anoche lancé lo más lejos posible de mi cuando Little Rock no miraba.

Me incorporo rápidamente, zafándome del peluche y descubro a Phoenix a mi lado, con los brazos en jarras y el pelo chorreando pegado a los hombros y mojándole los brazos, la espalda, mi cama y la camiseta blanca de tirantes que lleva puesta hoy.

Me miro las manos ante la perspectiva de que no lleve nada debajo de la camiseta y ella gira la cabeza en dirección a la cama de Little Rock, salpicándome con las gotas que desprende su pelo.

Gracias al cielo por las sábanas que me tapan. Phoenix está colaborando bastante a mi reacción mañanera habitual.

- Te dije que os quería fuera por la mañana. Es por la mañana. Fuera.

Habla a voz en grito y Little Rock protesta en la cama de al lado y se tapa la cabeza. Hacía tanto que no dormíamos en una cama tan cómoda que me da pena despertarla. Siseo a Phoenix para que no grite y veo como levanta una ceja cruzada de brazos.

- Deja a la chica dormir un poco más – le pido susurrando. – Prometo que nos iremos y que no volverás a vernos.

Resopla y mira el bulto tras el que se esconde Little Rock y algo en su mirada se ablanda. Se agacha a mi lado y se mesa el pelo en un movimiento perezoso. Cansado.

- Tenéis que iros. – Casi me suplica, levantando la mirada hacia mí. – De verdad que no quiero compañía y aunque parecéis gente agradable… Bueno, vosotros dos lo parecéis, - sonrío entupidamente sin poder evitarlo – y eso es razón de más para quereros lejos. ¿Me entiendes, verdad?

Asiento. La entiendo. Le caemos bien y no quiere pasar tiempo con nosotros para no perdernos como le pasó con su chico pero quiero decirle que el tiempo pasado con las personas que te importan es por lo que merece la pena seguir viviendo, pero me callo. Me callo porque ya me lo dejó todo claro anoche y no parece el momento oportuno para decirlo.

Por eso me limito a asentir.

Pero ¿y si yo no quisiera irme?

Sonríe de medio lado y se levanta, salpicándome de nuevo. Me dice que ha hecho café y que me ha guardado una taza y que hay agua caliente. Little Rock salta de la cama de repente al oír esas palabras y casi derriba a Phoenix en su carrera hacia el cuarto de baño.

Es la primera vez que la oigo reír a carcajadas.

Se pone seria cuando se da cuenta de que la estoy mirando, tal vez más fijamente de lo que debería y sale de la habitación sin decir una palabra más.

***

Tardo alrededor de un cuarto de hora en levantarme y cuando bajo a la cocina no hay rastro de Phoenix pero encuentro una taza humeante sobre la encimera.

Y otra vez la sonrisa de gilipollas.

Tallahassee sale de la nada de repente y me quita la taza de la mano antes de que me de tiempo a probarlo y hace un gruñido de asco antes de tirarlo por el fregadero.

- ¿Pero qué…?

- ¿Dónde está la chica? Nos vamos. La zorra ha dicho que no quería encontrarnos cuando volviera. Y hablaba en serio.

Iba a recriminarle lo de llamarla zorra pero tengo que concentrar mis esfuerzos en aguantar la risa. ¿Tallahassee está intimidado por Phoenix? Eso si que es nuevo…

Le digo que Little Rock está en la ducha y resopla, se tira en el sofá y se pone el sombrero sobre la cara, diciendo no se que acerca de las chicas y su manía por la higiene.

Pongo los ojos en blanco y vuelvo a la cocina, donde aun queda algo de café caliente en la cafetera y aunque no queda leche ni azúcar me lo bebo de un trago junto con unas galletas medio rancias que encuentro en la despensa.

Cada vez es más fácil mantenerse en forma en Zombieland.

Subo los escalones de dos en dos para comprobar si a Little Rock le queda mucho mientras Tallahassee sigue tumbado en el sofá, cantando dentro de su sombrero. Las puertas del baño y la habitación en la que hemos dormido están abiertas y no hay rastro de ella, así que pruebo suerte llamando a la puerta de la habitación principal.

- Adelante.

La encuentro sentada en el tocador espillándose la larga melena mojada y me siento a los pies de la cama, justo detrás.

- Tallahassee quiere irse ya. – Me mira a los ojos a través del espejo. – Y Phoenix quiere que nos vayamos, pero yo quiero saber tu opinión. ¿Quieres irte?

Little Rock parece pensárselo mientras juguetea con delicadeza con los tarros de perfume y los cosméticos que hay sobre la mesa del tocador.

- No – me dice bajito. – Pero Phoenix no nos quiere aquí.

Lo se. Me levanto de la cama y me arrodillo a su lado.

- Tal vez podamos convencerla si es lo que quieres.

- Como si tú no quisieras.

Esta vez no hay acusaciones en su voz ni en su mirada. Más bien hay burla. Y si, me encantaría quedarme. Dormir en una cama caliente, disponer de una ducha, tomar café por las mañanas… Es lo más parecido a una vida normal que he tenido en meses. Charlar con Phoenix a la luz de las velas y que me despierte por las mañanas recién salida de la ducha… Sí, lo se. Suena más erótico de lo que realmente fue pero ¿acaso no fue así?

Me encojo de hombros y le digo que no me importaría. Little Rock pone los ojos en blanco.

- Hablaré con ella cuando vuelva. Trataré de convencerla para que nos deje quedarnos un tiempo.

Little Rock sonríe.

- Estoy segura de que si alguno de nosotros puede convencerla de algo, ese eres tú.

Voy a preguntarle que a qué viene eso cuando oigo que alguien está disparando en la calle y en un acto reflejo cojo el rifle y me asomo por la ventana, parapetado tras el alfeizar. Entonces veo a Phoenix rodeada de zombies, golpeando al que tiene delante con la culata de la escopeta que supongo que se ha quedado sin balas. Disparo sin pensar a los dos zombies que tiene más cerca de su espalda y vuelve la cabeza y me mira, solo un segundo, antes de reanudar su lucha, esta vez armada con un hacha que no se de donde ha sacado.

Antes de que me de cuenta, Little Rock está a mi lado con su arma, disparando a todo bicho que se acerca a Phoenix por detrás.

- Yo me quedo aquí. Baja a ayudarla.

Me parece lo mejor. Little Rock tiene mejor puntería que yo en las distancias largas.

Cuando llego al salón, Tallahassee tiene ya todo un arsenal delante de la ventana y ya se ha cargado a unos cuantos.

Sin embargo, el círculo en torno a Phoenix no deja de estrecharse.

Me paro un momento delante del arsenal y cojo un bate de béisbol. Y la metralleta favorita de Tallahassee, a quien oigo protestar al verme salir por la puerta. Se que va a matarme cuando vuelva, pero al menos llevármela me asegura volver…

Silbo y todos los zombies y Phoenix se vuelven a mirarme. La miro a los ojos un segundo y asiente antes de agacharse. Empiezo a disparar hasta vaciar el cargador.

Cuando termino, apenas quedan media docena en pie.

Uno cae por un disparo procedente de la ventana de arriba, a otro le machaco la cabeza con el bate y a los demás los destroza Phoenix. Es increíble verla luchar. ¿Habéis visto alguna serie de televisión o alguna película en la que la chica guapa lucha a cámara lenta como si bailara? Phoenix las dejaría en ridículo a todas.

Cuando cae el último suelta el hacha ensangrentada y me mira, respirando entrecortadamente antes de caer al suelo.

Entonces me fijo en la mancha roja que empieza a formarse en su camiseta blanca, justo a la altura de la cadera.

Y de verdad espero que haya sido una bala perdida.

***

La llevo en brazos hasta el sofá y la tumbo después de quitarle la mochila que lleva a la espalda y que pesa como si llevara piedras en ella mientras Tallahassee establece el perímetro seguro para Little Rock. Le subo la camiseta y le bajo los pantalones unos centímetros descubriendo la herida. Hasta que no oye mi suspiro de alivio al ver que es de bala, Tallahassee no la suelta.

Se acerca a Phoenix muy segura de lo que está haciendo y, ya que yo no tengo ni puta idea de que hacer – el alivio inicial al descubrir que no la han mordido ha sido sustituido por al pánico al saber que la he disparado – dejo que Little Rock se encargue.

- Columbus, hierve agua. – Me dice. – Tallahassee, busca sábanas limpias en el armario de arriba.

- Tengo un tiro en la cadera, no voy a dar a luz – bromea.

Y yo sonrío, contento de que aun conserve el buen humor. Tallahassee empieza a subir las escaleras de dos en dos y yo me meto en la cocina en el mismo momento en el que Little Rock empieza a rasgar la camiseta de Phoenix.

- No – la oigo decir de repente. – El colgante no.

Oigo a Little Rock acceder y luego mas roce de tela. Cierro el grifo cuando me doy cuenta de que el agua del cazo rebosa y la pongo al fuego.

No se si salir al salón o no.

- ¡Wow!

Bien. La exclamación de Tallahassee es la respuesta a mi pregunta. Oigo protestar a Little Rock, la risa entrecortada de Phoenix y más rasgar de tela. Tallahassee entra en la cocina segundos después con una expresión traviesa en la cara.

- Vaya chica... – me dice bajito mientras se sienta en la encimera a mi lado

- Eso parece...

Tallahassee me mira de reojo.

- ¿Sabes que? Estoy tentado a entrarle. Esa manera de decapitar... Uff... – pongo los ojos en blanco y me doy media vuelta para vigilar el agua. No se porque pero la idea de Tallahassee y Phoenix juntos me revuelve el estómago. – Desgraciadamente, no creo ser su tipo.

Me da una palmada en la espalda antes de salir de la cocina, dejándome con la duda de a que se refiere.

Por el ruido que hace el agua, se que ha empezado a hervir.

***

Le llevo el cazo hirviendo a Little Rock, quien lo pone en el suelo antes de decirme que me quede un momento con Phoenix mientras va a buscar unas pinzas que ha visto sobre el tocador. Me agacho a su lado cuando Little Rock se va y, sin saber muy bien que hacer, le cojo la mano. Es lo único que se me ocurre.

Pero parece ser lo correcto porque sonríe levemente y me aprieta la mano con todas sus fuerzas.

Tumbada en el sofá, desnuda y envuelta en sábanas que ya empiezan a teñirse de rojo, parece más pequeña de lo que ya es. Frágil. Una persona totalmente diferente a la que estaba decapitando zombies en la calle hace apenas diez minutos.

- Lo siento. – le digo, apoyando la barbilla en el brazo del sofá, a escasos centímetros de su cara.- Es por mi culpa.

Niega con la cabeza y levanta la mano que tiene libre como si quisiera tocarme la cara, pero la deja caer con una mueca de dolor y se humedece los labios antes de hablar.

- No lo sientas. Me has salvado la vida. O de algo aun peor. No sientas haberme salvado. – De repente abre mucho los ojos. – La mochila. ¿Donde está?

Señalo hacia el rincón en el que la he dejado caer y parece que se queda más tranquila.

- ¿Qué es lo que has ido a buscar que era tan importante? – pregunta Tallahassee de repente. Acabo de darme cuenta de que lleva ahí todo el rato. - ¿Perfume? ¿Maquillaje?

- Comida – dice antes de toser. – Verduras, cereales... Y leche. He encontrado un par de cartones que no caducan hasta la semana que viene. Una niña de la edad de Little Rock necesita tomar leche. Me he entretenido buscándolos y por eso...

Vuelve a toser y le digo suavemente que se calle. Respira hondo y cierra los ojos.

Me pregunto si esta chica es de verdad.

De repente Little Rock me toca el hombro para que me haga a un lado. Por su expresión, se que ha oído todo lo que Phoenix ha dicho.

- Ayúdame Columbus.

Le pregunto que quiere que haga y me pide que la sostenga fuerte. Phoenix respira hondo, como si en realidad estuviera dando a luz, y me aprieta la mano cuando Little Rock saca las pinzas del agua hirviendo y la mira.

- ¿Estás lista?

- Hazlo. Estoy segura de que me voy a ver en peores situaciones.

No me puedo creer que hasta sonría. Yo me limito a devolverle el apretón.

Estoy seguro de que si hubiera sido yo, me habría desmayado o como minimo, habría gritado hasta desgañitarme en el momento en el que Little Rock hunde las pinzas en la herida buscando la bala, pero Phoenix solo aprienta los dientes y mi mano sin hacer un solo sonido. Se relaja un instante cuando segundos después Little Rock deja la bala y las pinzas en el cazo de agua aún caliente y echa desinfectante a chorro en el pequeño agujero. Phoenix se permite gritar un poco entonces y cuando todo acaba y Little Rock le venda la herida, se relaja, cerrando los ojos y disminuyendo la presión sobre mi mano sin llegar a soltarla.

- Gracias – dice. Imagino que es a Little Rock, pero sin embargo es a mi a quien mira.

Me digo a mi mismo que no es el momento adecuado para besarla.

- Mete la leche en la nevera – dice de repente rompiendo el contacto visual y soltándome la mano de golpe. – No quiero que después de todo, se ponga mala.

Me levanto del suelo despacio y cojo la mochila, mirando como con una mano se frota los ojos mientras juega con el colgante que no quiso que Little Rock le quitara con la otra. Entro en la cocina para guardar la leche.

Me lavo las manos primero. Están llenas de la sangre de Phoenix.

***

Me paso un buen rato colocando las cosas en su sitio, intentando no hacer ruido para no molestar a Phoenix. En la mochila había, además de los dos cartones de leche, una caja de cereales de chocolate, una lechuga y algunos tomates que aun eran comestibles, un par de latas de verduras en conserva, un cartón de huevos que caducan hoy y un bote genérico de champú.

Cuando ya está todo en su sitio me quedo sin excusas para seguir parapetado en la cocina, así que cojo el bote de champú y me dispongo a subirlo al baño de arriba.

No se si está dormida pero tiene los ojos cerrados y el único movimiento que hace es el de su pecho al respirar.

Al subir las escaleras les oigo hablar en el dormitorio de las niñas.

- No digas tonterías, niña. Has sido muy valiente hoy.

- No. Phoenix ha sido valiente. Yo solo he hecho lo que tenia que hacer. Lo que cualquiera de vosotros habría hecho por mí.

- Fue culpa suya. No debió salir sola.

- Fue un accidente. Está acostumbrada a salir sola. Como tú solías hacer.

Tallahassee se calla. Me siento mal escuchando su conversación, pero vuelvo a pegar la oreja cuando Little Rock vuelve a hablar.

- Deberíamos decirle que se quede con nosotros. Cuando se recupere, me refiero.

- ¿Estás segura? – Little Rock guarda silencio, así que supongo que habrá asentido con la cabeza o se habrá encogido de hombros. – Pues pregúntaselo cuando despierte.

- A Columbus va a parecerle bien seguro.

- ¿Y a ti? Da la sensación de que Phoenix y Columbus…

- Tú también lo has notado, ¿verdad?

Me arden las orejas. Va a ser verdad eso que dicen de que las orejas se ponen rojas cuando hablan de uno. Sin embargo, a pesar de que están hablando de mí, siento como si estuviera oyendo algo que no es asunto mío.

- No me importa, Tallahassee. Puedo entender que ve en ella.

Por alguna razón me siento aliviado. Creo que necesitaba la aprobación de Little Rock para pensar en Phoenix como algo más que una acompañante.

- Yo también. Lo que no entiendo es lo que ve ella en él. Y eso va también por tu hermana.

¡Ey!

Little Rock se ríe.

- Yo si lo entiendo. – dice. En ese momento siento que toda mi cara está roja.

Algo tengo que hacer, así que decido seguir mi camino hacia el baño como si tal cosa, como si no hubiera pasado minutos oyendo en el pasillo. Alcanzo la puerta sin que hayan notado mi presencia y me deslizo dentro.

El suelo está húmedo y los cristales de la mampara de la ducha aun están mojados. Han pasado tantas cosas que cuesta creer que aun sean apenas las ocho de la mañana. Abro el grifo de la ducha casi por hacer algo y sale un potente chorro de agua caliente mojándome el brazo y salpicándome la cara.

Sonrío al sentir la presión del agua cosquilleándome en la palma de la mano y me desnudo sin fijarme siquiera donde dejo caer la ropa antes de meterme bajo el agua.

Por poco lloro al notar el agua empaparme el pelo. Casi había olvidado la sensación.

Me quedo bajo el agua hasta que empieza a salir fría y me envuelvo la cintura con una toalla. Rebusco en los armarios. Hay un peine, y gomina y desodorante para hombre e incluso colonia. Limpio el vapor del espejo con la mano y me arreglo un poco el pelo, aunque solo sea porque por una vez puedo, sin poder evitar pensar en la familia que una vez vivió allí. Los tarros de perfume del tocador, la casa de muñecas…

Intento dejar de pensar en ellos mientras me afeito con una cuchilla por estrenar que he encontrado en uno de los armarios. Junto a los tampones y los condones, en el estante mas alto. Alejado de las niñas…

Hasta que no termino no me doy cuenta de que me he dejado la maleta en el coche y no tengo nada que ponerme. Toda mi ropa está desperdigada por el suelo, mojada, sucia e incluso llena de sangre, aunque no se si de los zombies o de Phoenix.

De repente recuerdo el armario gigantesco que hay en la habitación principal, así que, tras asegurar bien la toalla en mis caderas, salgo del baño y patino hasta el dormitorio, rezando porque haya algo que me venga bien.

Pero al entrar me encuentro con Phoenix, tumbada en la cama y mirándome con ojos entrecerrados.

- Esto… Yo… - señalo al armario y ladeo la cabeza - ¿No estabas en el salón?

Sonríe un poco.

- Lo estaba, pero Tallahassee me ha subido en brazos porque Little Rock necesitaba limpiar un poco.

- ¿Y que tal estás?

Se que tal vez no es el mejor momento para socializar dado que estoy mojando el suelo de su habitación tapado solo con una toalla, pero tenia que preguntar.

- Bueno, como ves no estoy como para que me lleves a bailar, pero mucho mejor gracias a Little Rock. Y a ti.

No puedo evitar hacer una mueca.

- Lo único que he hecho ha sido dispararte.

- No empieces otra vez.

Sonrío de medio lado y me miro los pies por no mirarla a ella. De repente me acuerdo de lo a lo que he venido.

- Ropa. Necesito ropa – digo estúpidamente.

Phoenix parece divertirse.

- Si, ya lo veo.

Abro el armario y cojo lo primero que encuentro, que resultan ser una camisa azul claro que parece recién planchada, una sudadera gris y unos pantalones cargo. Todo me viene enorme y el conjunto no pega ni con cola, pero por ahora me sirve para salir del paso. Empiezo a vestirme al amparo de la puerta del armario que me oculta de la vista de Phoenix aunque de todas formas se ha recostado y ha cerrado los ojos. Cuando termino, recojo la toalla mojada del suelo y, tras pensarme un momento si debería decirle que me voy o no, doy media vuelta intentando no hacer ruido al salir.

- Me gustaría que os quedaseis – dice cuando he alcanzado la puerta. – Por un tiempo. Hasta que pueda valerme por mi misma.

¡Sí! Sí, nos quedamos.

- ¿Estás segura?

- Puede que prefiera estar sola, Columbus, pero eso no significa que no sepa cuando tengo que pedir ayuda.

Sí, nos quedamos. Por supuesto que nos quedamos.

- Lo consultaré con Little Rock y Tallahassee, pero no creo que haya ningún problema – le digo muy dignamente. Como si no supiera que lo están deseando. Phoenix sonríe.

- Gracias – dice antes de cerrar los ojos.

***

“Un tiempo” se convierte en varios meses.

Phoenix se recuperó rápido, sin infecciones y con apenas una cicatriz en la cadera que, debo decir, le queda bastante sexy. Estuvimos viviendo en esa casa varias semanas, yendo de vez en cuando a buscar comida, aunque siempre de dos en dos y sin ningún incidente más. Por las noches, cenábamos juntos y veíamos una peli o jugábamos al parchís o al Uno que Little Rock había encontrado en nuestra habitación.

Si no fuera porque Phoenix evitaba a toda costa quedarse a solas conmigo, habría sido perfecto.

Pero como ya he dicho, nada dura para siempre. El pequeño supermercado empezó a quedarse sin existencias, la electricidad se había cortado – Little Rock tenía la teoría de que los zombies habían estado tonteando con el tendido eléctrico – y por consiguiente no funcionaba nada, ni la vitrocerámica ni el agua caliente.

Además, según Phoenix, le estábamos cogiendo demasiado cariño a la casa.

Así que decidimos irnos. Metemos las maletas en el coche – vi como Little Rock metía el Uno y el payaso de peluche en la suya porque según ella es el despertador que mejor funciona conmigo – y vuelvo a la casa para despedirme de Phoenix. Bueno, no se si para despedirme o para suplicarle que viniera con nosotros, pero la cuestión es que al volver a entrar la encuentro acariciando la foto de la familia que solía vivir allí y que nadie había quitado de la mesa del comedor. Una mujer muy guapa, pequeña y menuda de pelo castaño claro sonreía abrazada a su marido, un hombre alto y fornido de pelo oscuro y, frente a ellos, dos niñas. Una de pelo dorado parecido al de Little Rock y otra apenas un par de años mayor, de largo pelo oscuro y ojos marrones que sonreía…

A veces me pregunto como es posible que sea tan imbécil.

Me mira y pone la foto donde estaba mientras se seca las lágrimas.

- ¿Sabes que? He pensado que podría seguir con vosotros durante un tiempo si no os importa. Me aburriría sin Little Rock.

Sonrío y le digo que sería fabuloso. Que Little Rock estaría perdida sin ella y sonríe un poco sin mirarme a los ojos.

- Espera, olvidas algo – le digo cuando pasa por mi lado arrastrando la maleta.

Tiro el portarretratos contra el suelo y me agacho para recoger la fotografía entre los cristales rotos.

- Hay recuerdos que merecen la pena conservar. Personas que merecen que no las olvides.

Se toca el colgante instintivamente al oírme decir eso y yo bajo la mirada, celoso de nuevo. Había hecho eso durante semanas. Tocarse el colgante y morderse el labio cada vez que hablábamos a solas y últimamente no podía evitar ponerme celoso de un estúpido trozo de metal. ¿Verdad que es una gilipollez?

Me mira a los ojos mientras coge la foto que le tiendo.

Y entonces es cuando me besa.

Le rodeo la cintura con ambos brazos, como si temiera que cambiara de opinión y saliera corriendo mientras entrelaza torpemente las manos detrás de mi cuello, sin querer soltar la foto mientras me acaricia la nuca. Siento escalofríos al notar la punta de sus dedos entre mi pelo.

Llevaba semanas deseándolo. Tal vez desde el día que la conocí.

Sonríe cuando nos separamos y se muerde el labio, apoyando las manos sobre mi pecho con intención de separarse de mí del todo. Sin embargo, mantengo las manos en sus caderas. Sin apretar, pero sin soltarla.

- Deberíamos salir. Nos están esperando.

Sonrío antes de acercarme de nuevo a ella.

- Que esperen un poco más.

- Me parece justo – dice antes de acercarse a besarme de nuevo.

Ese es el momento en el que a Tallahassee le parece correcto tocar la bocina. De verdad, me gustaría saber como hace eso de interrumpir en el peor momento posible.

Phoenix ríe con la boca aun pegada a la mía y se separa, haciendo ademán de coger su maleta, pero como me adelanto para ayudarla, agarra mi mano libre en su lugar.

- Ya era hora, tortolitos – suelta Tallahassee cuando nos sentamos por fin en el asiento de atrás. Little Rock sonríe desde el asiento delantero.

- Intenté detenerle… - dice a modo de disculpa. Veo que me guiña un ojo por el retrovisor.

De repente veo como Phoenix se quita el colgante plateado del cuello y se inclina hacia delante, poniéndoselo a Little Rock.

- Pero, Phoenix…

- Quiero que lo tengas. Me lo regaló alguien especial y yo quiero hacer lo mismo – dice guiñándole un ojo. Little Rock sonríe antes de apretarle la mano y darle las gracias.

La miro inquisitivo cuando se sienta a mi lado, con la foto aun en la mano.

- Algunas personas merecen que no las olvides pero a otras hay que dejarlas ir.

No puedo evitar besarla de nuevo. Es curioso como una vez que empiezas a hacer algo, es difícil parar.

Sobre todo si ese algo es besar a una chica como Phoenix.

***

Fin
 
 
 
Denna: [Story] Mattloony_cuaron on September 22nd, 2011 09:35 pm (UTC)
ADGJLSFHKADGJLSFHKADGJLSFHKADGJL ME LO HAS DEDICADO!!!! *loving you for all the eternity*

¿Qué puedo decir que ya no sepas? Me siento privilegiada por haber podido leerlo a la vez que lo escribías, y ahora así, al leerlo seguido no he podido dejar de pensar en lo mucho que me encanta!!!

Phoenix va a ser mi personaje favorito forever, porque es guay, es la jefa, y es Shannon. Pero independientemente de que sea Shannon, la personalidad de Phoenix es tan brilliant que es imposible no quererla, ya incluso desde la primera vez, cuando aparece en plan Sarah Connor.

El resto de personajes estan super bien retratados, aunque claro, con la de veces que has visto la peli... XD. Little Rock es especialmente mona, y adoro las partes en las que interactua con Phoenix! Y btw, el DETALLAZO de darle el colgante al final es adorable!! Oh how I love them both!!!

Esta historia me ha hecho fangirlear como una loca, y he adorado cada frase. Y oye no te burles, que el titulo provisional mola un huevo! A mi me encanta lo de Project Z... suena super cool...

I LOVED IT <33333333333
Heka: cine: jesse eisenbergheka_granger on September 22nd, 2011 09:49 pm (UTC)
A quien iba a decidarselo si no? A la unica que lo va a leer! XDD

Que sepas que lo estaba publicando antes de que sacaras el algiel. XDDDDDDDDD

Btw, no te creas que la he visto mil veces. La he visto 3, aunque estoy segura de que si fuera de otra actriz la tendría quemada, las cosas como son. Por mucho aliciente que me pongas por delante, sigue siendo la Stone...

Adoro a Little Rock. Será el efecto Abigail Breslin, pero me encanta. (Joder, ahora que lo pienso entre Jesse, Abigail, Woody e incluso Amber Heard me tienen por todas partes... Por que???) Y quería darle protagonismo. Que quedara claro que a Little Rock le cae bien y Phoenix le tiene cariño porque le recuerda un poco a su hermanita.

Me alegra un montón todo.

:*********

PD: De titulo provisional nada de nada... XDDD Que ya se queda así.

PD2: Ahora a hacerme propaganda! XDDDDDDDDDDDDDDDDD *just kidding*

PD3: Epic fail! No tengo icon de Zombieland!
Zaida: Raising Hope: Jimmy/Sabrinazaida_weasley on September 24th, 2011 11:25 pm (UTC)
Me encanta. Phoenix no es el superheroe pero ni falta que le hace. Y encima es Shannon!! ^^

Phoenix/Columbus OTP!!!
Lissielissie_magic on October 14th, 2011 10:38 pm (UTC)
Eyyyyyyyy XDDDD
Oye esta muy bien XD y no te atrevías a escribir? XDDDD
Heka: chuck: chuckheka_granger on October 15th, 2011 12:05 am (UTC)
Re: Eyyyyyyyy XDDDD
He escrito un montón de cosas, mayormente fanfics pero esto... Esto eran palabras mayores porque me gusta mucho la película y eso pero loony_cuaron me decía que le encantaba cuando se la iba mandando por mail y que la publicara... Ya la ves por twitter la publicidad que me hace y lo que le gusta. Y a mi claro, me hace toda la ilusión del mundo.

Cuando acabe la otra historia te la paso por mail que es un poco más larga. Esta tenia 20 paginas... la otra tendrá unas 60 o asi... Todos los personajes y la historia son míos y me está costando la vida acabar, pero por mis cojones que termino. ;)