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Short story: On a ride (original) Part. V



Parte IV

5.


El cielo empezaba a oscurecer cuando Shania vio como Ian, aun con las gafas de sol sobre la cabeza, se revolvía en el asiento del conductor bostezando y se mordió el labio inferior. Sabía que había dormido muy pocas horas y conducido demasiadas y Shania no era tan mala persona como para no darse cuenta de que el chico merecía un descanso. Además, ya estaban en Washington, ella también estaba cansada y sabía que incluso pasando la noche en un motel, estaban a poco mas de un día de camino.

- ¿Puedes parar en el primer motel que veas?

No era una orden, sino una sugerencia. Al fin y al cabo, como bien había dicho Ian, ahora eran socios. Asintió con la cabeza y unos minutos después se desvió en dirección a las luces de un B&B que aun tenia encendido la señal de “habitaciones disponibles.”

Ian aun estaba aparcando cuando Shania cogió un fajo de billetes del bolso y separó un par de billetes de cien.

- Creo que deberíamos compartir habitación. – dijo cuando Shania le pasó uno de los billetes.

Shania giró la cabeza para mirarle, tal vez demasiado bruscamente.

- ¿Por qué? No es que vayamos cortos de dinero…

- Es para no llamar la atención. Si fueras recepcionista, ¿no te parecería raro si un chico y una chica llegaran juntos y pidieran habitaciones separadas?

Shania iba a contestar que podrían hacerse pasar por hermanos cuando Ian volvió a hablar.

- Además, deberíamos cuidarnos las espaldas. Estoy seguro de que Stewart está tras nosotros. Deberíamos permanecer juntos. Apoyarnos…

Shania no tenía argumentos contra eso a pesar de que seguía sin querer dormir en la misma cama que Ian. No es que no se fiara de él. Es que no se fiaba de nadie.

- Dejemos clara una cosa primero. Nada va a ocurrir entre nosotros. Nada va a pasar bajo las mantas que no sea accidental. Y ni aún así. ¿Está claro?

Ian rió. Shania se sintió de repente frustrada ante el hecho de que le hiciera tanta gracia que dejara las cosas claras entre ellos. Se debatía entre abofetearle, sacarle del coche y dejarle tirado o…

- ¿De verdad crees que todos los hombres del mundo tienen como único propósito en la vida meterse en tus bragas?

- No. Solo todos los que he conocido.

- Yo no soy como todos los hombres que has conocido. De todas formas, haré todo lo posible por dormir a tu lado y no lanzarme sobre ti. Aunque me va a costar muchísimo.

Ian salió del coche y empezó a sacar las bolsas del coche. Shania se quedó un momento sentada, asimilando el sarcasmo de las palabras de Ian y pensando en que estaba segura de que sí que era igual que todos los demás.

***

Lucy se había despertado temprano aquella tarde. Apenas eran las doce cuando se deslizó de la cama y salió a correr. Por primera vez durante las últimas veinticuatro horas se sintió relajada, como si la música que le martilleaba los oídos y la calle desierta fueran las únicas cosas que había en el mundo.

Hasta que sintió vibrar su teléfono en el bolsillo trasero del pantalón. Al ver el nombre en la pantalla, se quitó los auriculares de un tirón tan brusco que incluso se hizo daño

- ¿Ian? – preguntó insegura, como si temiera oír una voz mecanizada pidiendo un rescate.

- ¿Lucy? Soy yo.

Se sintió estúpidamente aliviada.

- Dios, Ian… ¿Dónde estás? ¿Cómo se te ocurre desaparecer así? Y sin decirme nada…

Oyó a Ian suspirar al otro lado del auricular.

- No puedo decírtelo, Lucy, pero supongo que imaginarás lo que ha pasado…

- No, Ian. SE lo que ha pasado. Ha pasado que tú y Shania habéis robado el dinero de Stewart y que estáis a la fuga. Quien no tiene ni idea de lo que está pasando ahora eres tú… - se pasó la mano libre por la frente y los ojos en un gesto de frustración. – Ian, dime que no vais hacia el norte.

El silencio de Ian fue suficiente respuesta.

- Stewart os está siguiendo. Sabe que vais en esa dirección, así que cambiad la ruta. Y tened cuidado. – Lucy suspiró y siguió hablando, esta vez en un susurro. – Ian, vuelve.

Le oyó reír. Supo en seguida que era forzado.

- No te preocupes por mi, preciosa. Estaré bien, ¿vale? Eres tú quien debe tener cuidado con Stewart. ¿Me lo prometes?

- Stewart está bajo control. Tranquilo.

- Te llamo mañana. – había añadido a modo de despedida. – Y dale de comer a Garfield por mí.

Ian colgó y Lucy no tuvo más remedio que volver a casa. Ya no estaba de humor para correr.

Horas después, ya duchada y arreglada para ir a trabajar, fue a casa de Ian a darle de comer al antipático gato gordo y anaranjado que Ian se empeñaba en mantener. Se sentó en el sofá y miró al animal comer sobre la mesa mientras ronroneaba y le tocó distraídamente la oreja. A pesar de que el nombre le viniera al pelo, a Lucy le encantaba burlarse de la originalidad de Ian a la hora de nombrar a su mascota, sobre todo teniendo en cuenta lo mucho que le gustaba leer y que era lo bastante inteligente como para que se le hubiera ocurrido algo mejor. Echó un vistazo al salón. Todo estaba perfectamente limpio y recogido. Las paredes del salón parecían hechas de libros de tantas estanterías que tenia y Lucy no sabia de donde sacaba tiempo para leer ni espacio para libros.

Con un suspiró se levantó del sofá y tras volver a acariciar al gato – que le bufó ligeramente por atreverse a molestarle mientras comía – salió de la casa con una sensación desagradable en el pecho. Como si de repente temiera no volver a ver a Ian.

***

Apenas habían entrado en la habitación cuando Shania se fue directa a la ducha y cerró el baño con pestillo. La recepcionista no había hecho preguntas cuando se registraron a nombre de Ike y Susan Jones – según Ian era mejor dar nombres falsos por si acaso – y les sonrió cuando les pasó la llave. Ian le devolvió la sonrisa, pero ella estaba demasiado cansada como para intentar aparentar nada.

Se miró en el espejo. Tenia cara de cansada, ojeras, estaba despeinada y sin maquillaje. En pocas palabras, un desastre humano. Aun no se había metido bajo el agua cuando oyó a Ian decir que iba a por algo de comer. Cuando se metió bajo el chorro de agua caliente no pudo evitar soltar un suspiro. No se había dado cuenta lo cansada que estaba hasta ese momento. Solo le apetecía acostarse, dormir unas diez horas y conducir sin parar hasta Vancouver.

Cuando dio la ducha por terminada se puso el pantalón pirata negro de chándal y la camiseta blanca de algodón que había comprado en la estación de servicio especialmente para usar como pijama y se cepilló el pelo. Se sentía realmente mejor. “Al menos ahora tengo cara de persona”

Cuando salió del baño, Ian estaba sentado en la cama con un par de bolsas de McDonnalds. Shania notó como el estómago empezó a hacerle ruido.

- Espero que te guste el Big Mac.

Shania asintió con una media sonrisa y se sentó en la cama, cogiendo la hamburguesa que Ian le tendía. Comieron entre el silencio y la charla absurda, hablando de videos y películas, riendo de vez en cuando y compartiendo un paquete de patatas fritas. Casi como si fueran amigos…

Shania tragó saliva y se humedeció los labios ante esa última idea. Y se levantó de la cama de un salto.

- Deberíamos dormir. – dijo tras tomarse unos momentos antes de formular la frase para evitar que sonara como no pretendía. – Mañana va a ser un día largo.

Ian asintió con la cabeza y arrugó las bolsas de papel para tirarlas a la basura.

- Voy a darme una ducha primero. Vuelvo enseguida.

Shania se metió en la cama en cuanto oyó el agua correr y suspiró. Aun no había asimilado el surrealismo de la situación. Hacía apenas veinticuatro horas que se había despertado en su cama odiando su vida y ahora todo era como en un telefilm malo de domingo por la tarde. Se acurrucó mirando hacia la pared, pensando en su madre, en si estaría aun en la misma casa… En si querría verla cuando llegara o le cerraría la puerta en la cara…

Ian salió del baño, con el pelo mojado, una camiseta blanca demasiado ancha y en calzoncillos. Shania levantó la cabeza de la almohada.

- No pensaras acostarte así…

Ian se revolvió el pelo.

- Se me ha olvidado comprar algo cómodo…

- Me da igual – dijo sentándose en la cama. – Nueva regla. No se duerme en ropa interior. Así que tú eliges: o los vaqueros o el suelo.

Ian puso los ojos en blanco y volvió a ponerse los vaqueros que acababa de quitarse.

- ¿Contenta?

- Muchísimo. Ahora acuéstate de una vez.

Volvió a acurrucarse en su lado de la cama. Notaba el peso de Ian cerca, incluso la humedad de su pelo. Le notaba revolverse ligeramente, claramente incómodo en los vaqueros y reprimió una leve punzada de remordimiento cerrando los ojos con fuerza, intentando dormirse antes que él por si acaso roncaba.

- ¿Shania?

Intentó hacerse la dormida, pero Ian insistió.

- Shania, acabo de apagar la luz…

- ¿Qué quieres?

- ¿Por qué Vancouver?

No quería responder. No quería contarle nada personal ni recordar a esa niña estúpida que pensaba que el mundo era bonito en alguna parte y se fue lo mas lejos que pudo a buscar ese sitio.

- Me crié allí. Y tal vez mi madre siga viviendo en la misma casa. No se donde ir, así que pensé que volver a casa era tan buena idea como seguir huyendo.

No quería responder, pero lo hizo. Ian no preguntó nada más y minutos después, Shania se durmió.



No sabía que hora era pero tampoco le importaba. La habitación estaba completamente iluminada y estaba sola en la cama, tumbada en diagonal y con la cabeza en el lado de la almohada de Ian – que aun estaba húmedo y olía a champú.

Se sentó desperezándose. Después de bostezar, estirarse, rascarse la cabeza, restregarse los ojos y volver a bostezar, se dio cuenta de la nota que había sobre la mesita de noche.

“Bella durmiente, he ido a por algo de desayunar.
Supongo que el café solo y los bagels te van bien.
-I”


Shania arrugó la nota y la tiró a la papelera. Estaba duchándose cuando oyó la voz de Ian a través de la puerta anunciando la llegada del desayuno. Se dio prisa en salir y se enfundó casi sin pensar en un par de vaqueros y una camiseta blanca. Se debatió unos segundos entre entretenerse en peinarse y maquillarse o desayunar. Segundos después estaba sentada en la cama con un bagel con mantequilla en una mano y un café solo sin azúcar en la otra.

- Deberíamos contar el dinero. Ver por que cantidad nos estamos jugando el cuello.

Shania tragó antes de asentir. Ian se sentó en el otro extremo de la cama y vació el bolso en el espacio que había entre los dos.

- Joder… - fue lo único que pudo decir Ian minutos después. Shania tenía los ojos muy abiertos.

Casi un millón de dólares.

***

Emma estaba sentada en la caja en la que solía sentarse Shania a fumar y no pudo evitar sobresaltarse al oír la puerta chirriar. Suavizó la expresión y forzó una sonrisa al ver que era Lucy quien, sin una palabra, se apoyaba en la pared y encendía un cigarrillo.

Ninguna de las dos dijo nada durante unos minutos. Lucy parecía debatirse entre hablar o no y Emma no preguntó. No era una hipócrita. No es que fuera la mejor amiga de Shania y ni siquiera la conocía tan bien como Lucy a Ian pero igualmente estaba preocupada por ellos. Sentía una especie de preocupación solidaria. Algo más parecido a admiración.

Pero fuera lo que fuera lo que sentía Emma, no podía compararse a lo mal que lo estaba pasando Lucy, quien se mordía el pulgar cuando no tenía el cigarrillo entre los labios.

- He hablado con Ian esta mañana. Más o menos. – dijo finalmente a media voz entre calada y calada. Emma alzó una ceja con interés. – Parece que están bien. No es que me haya contado mucho. El muy hijo de puta solo quería que le diera de comer al gato.

Emma rió y Lucy combatió las lágrimas que le quemaban en la garganta riendo también. Le temblaba la voz y lo único que podía hacer Emma era apoyarse en la pared a su lado y pasarle el brazo por los hombros.

- Al menos ha llamado. Sabes que está bien.

Lucy sonrió de medio lado, gesto contagiado por Ian. Emma le dio un beso en la frente.

- Sí. Al menos está bien.

Se podría haber quedado toda la noche allí de no ser porque Diana – quien dadas las circunstancias había conservado el puesto por el momento – las avisaba de que debían volver al trabajo.

***

Parte VI
Tags: .original story, on a ride
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