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Short story: On a ride (original) Part. VI



Parte V

6.


Un millón.

Tras la impresión inicial, Shania volvió a meter todo el dinero en el bolso mientras Ian se daba una ducha y se recostó en la cama aun desecha. Un millón era mucho más de lo que esperaba encontrar y Shania empezó a temer que tal vez había golpeado a Stewart demasiado fuerte.

- Tengo una idea.

Shania dio un respingo. No se había dado cuenta de que Ian había salido del baño. Se estaba abotonando la camisa de cuadros que llevaba sobre una camiseta blanca y aun tenía el pelo mojado y la cremallera del pantalón bajada pero ya estaba recogiéndolo todo. Shania se levantó de la cama para ayudar sin preguntar que se le había ocurrido.

Apenas eran las nueve de la mañana cuando continuaron su camino hacia Vancouver. Ian conducía mientras Shania le daba mil y una vueltas a sus opciones. Se estaba planteando devolver el dinero en cuanto llegaran a Vancouver cuando Ian volvió a hablar.

- Necesitamos desviarnos. A Portland. Perderemos un día más pero merecerá la pena, créeme.

- ¿Por qué? ¿Qué hay en Portland?

Ian sonrió.

- Kyle Rosenberg

***

Lucy llegó al casino antes de las cinco de la tarde. No podía dormir así que, tras pasarse por casa de Ian a darle de comer al gato sus opciones eran volver a casa y comerse la cabeza, dar vueltas por Las Vegas o ir al casino unas horas antes así que, tras arreglarse un poco, se decidió por la última opción.

Al entrar por la puerta de servicio era necesario pasar por la puerta del despacho de Stewart para ir al camerino de las bailarinas, por eso, en un intento de evitarle, solía entrar por la principal, pero a esas horas aun estaba cerrada, así que no le quedó otro remedio que usarla. Lucy se paró en seco cuando estaba a apenas un metro del despacho de Stewart. Oía voces dentro de alguien que hablaba de Ian. Se acercó un poco más a la puerta para escuchar mejor.

- Siempre supe que ese tío era un imbécil – dijo una voz masculina que Lucy reconoció como la del portero.- Meterse en este lío solo por mojar…

- El millón de dólares tampoco es que sea poco incentivo – era Bobby, el gorila de Stewart – pero no se si merecerá la pena haber corrido el riesgo cuando Stewart les encuentre.

Lucy tragó saliva y apretó los puños, sintiendo como el corazón se le hundía en el estómago.

- ¿Crees que Stewart tiene razón?

Oyó a Bobby reír. Lucy apretó los dientes para no gritar de rabia, pensando seriamente en probar sus conocimientos de Krav Maga con ellos.

- Si Stewart dice que esos dos gilipollas van a Vancouver, es que van a Vancouver.

A Lucy se le cortó la respiración. Dio media vuelta y volvió a salir del casino marcando el teléfono de Ian por el camino.

***

Tras casi ocho horas de viaje con solo una parada para ir al baño y otra en el McAuto del único McDonnalds que tuvieron el milagro de encontrar por el camino, por fin estaban llegando a Portland. Apenas entraban a la ciudad cuando el teléfono de Ian empezó a vibrar en su bolsillo.

- ¿Puedes cogerlo para ver quien es?

Shania metió la mano en el estrecho bolsillo de los vaqueros con apenas dos dedos, como si dentro en lugar de un teléfono hubiera un nido de serpientes o algo por el estilo. Ian puso los ojos en blanco y se metió la mano en el bolsillo para sacar el teléfono el mismo, apartando delicadamente la mano de Shania y enredando sus dedos con los de ella apenas imperceptiblemente.

Pero Shania lo notó, y no pudo evitar apartar la mano como si hubiese sentido una descarga eléctrica. Estaba empezando a sentirse rara con respecto a Ian. No podía evitar sonreír a cada cosa medianamente graciosa que decía, se quedaba embobada mirando como movía las manos al hablar incluso cuando debía tenerlas en el volante y acababa de descubrir que le gustaba el olor que dejaba en la almohada su pelo mojado por las mañanas.

Eso, fuera lo que fuera, tenía que parar.

Estaba tan distraída que no había notado que Ian había parado el coche y hablaba con monosílabos y el ceño fruncido.

- Tú también, preciosa. Adiós.

Suspiró antes de colgar. Shania le miró inquisidora.

- ¿Algún problema? – preguntó en lugar de decir “¿Quién era?”, que era lo que realmente quería saber.

- Era Lucy – contestó como si le hubiera leído la mente – pero no pasa nada. Todo va a salir bien.

Esa última frase la murmuró más bien para si mismo, como si intentara convencerse de ello, pero Shania fingió no darse cuenta y le miró con una media sonrisa mientras Ian volvía a arrancar.



Casi oscurecía cuando Ian aparcó el coche frente a lo que parecía una casa familiar cualquiera. Sacó las llaves de contacto y se volvió hacia Shania, apoyando el codo en el respaldo del asiento.

- Kyle… Kyle es un tío un tanto especial, por así decirlo. Pero es muy inteligente y me debe un favor, así que…

Por el camino, Ian le había contado todo (o casi todo) lo que había que saber sobre ese tal Kyle Rosenberg. Había sido su compañero de cuarto en la universidad y era especialista en ordenadores. Ian quería usar ese supuesto favor que Kyle le debía para que les hiciera desaparecer o algo parecido.

Y al parecer era un poco especial, fuera lo que fuera lo que Ian quería decir con eso.

Minutos después de tocar el timbre, cuando Shania empezaba a pensar que no estaba en casa (algo que Ian encontró graciosísimo), un chico alto, moreno, de grandes ojos oscuros y con unas gafas demasiado grandes para su cara abrió la puerta y sonrió al ver a Ian. Desde luego no encajaba para nada en el prototipo de “friki” que salen en las películas. Tras abrazar a Ian, le dio un repaso de arriba a abajo de una forma tan descarada que Shania no pudo evitar sonrojarse.

- ¿Y de donde has sacado a esta belleza, tío? No la habrás drogado o algo para que se fugue contigo… - dijo besándole la mano. Shania rió.

Ian gruñó.

- Déjanos pasar de una vez, idiota – dijo empujándole ligeramente en el pecho para apartarle.

Kyle rió mientras se hacía a un lado y cerró la puerta tras ellos sin soltar la mano de Shania, quien quería pensar que se había imaginado como Ian se daba cuenta y miraba en otra dirección.



Empezaba a entender lo que Ian quería decir por “especial”. El salón de la casa era un completo desastre. Casi todas las superficies de la habitación estaban cubiertas por cajas de pizza, latas vacías de Red Bull y cerveza y envoltorios de Mars. Además había piezas de ordenador por todas partes, como si alguien se hubiera dedicado a destrozarlos con un bate de béisbol. Solo la mesa en la que estaba el equipo informático permanecía impoluta.

- Sentaos donde podáis.

Shania no pudo evitar sonreír. Jamás esa expresión había tenido un significado tan literal. Apartó unas cajas vacías de comida china y se sentó en un extremo del sofá. Ian se sentó en el brazo del sillón a su lado y empezó a hablar.

Le contó como había sorprendido a Shania robando y que había decidido ayudarla. Que llevaban dos días de camino y que iban a Vancouver. Shania sonrió al notar que no comentó como le había amenazado antes de que accediera a ayudar.

- Quiero pedirte que nos ayudes. Identidades nuevas… tal vez hacer legal el dinero que tenemos de alguna manera… Involucrar a Stewart en algo para tener con que amenazarle… Cualquier cosa.

Kyle sonrió como si fuera su cumpleaños.

- ¿De verdad vas a dejarme que haga lo que quiera? Ya sabes como soy. A veces me emociono…

- Lo que quieras, pero no te pases. Nada de cosas raras.

El tono de Ian era de advertencia. Kyle se mostró falsamente ofendido.

- Yo nunca hago cosas raras… Bueno, casi nunca. – rectificó antes de guiñar un ojo a Shania, quien puso los ojos en blanco pero no pudo reprimir una sonrisa.

- Como sea. – Ian se levantó bruscamente del sillón, desequilibrando a Shania. – Deberíamos irnos. Dormir un poco. Estamos perdiendo el tiempo.

A Shania no le dio tiempo a levantarse del sillón cuando tenia a Kyle encima, pasando un brazo sobre cada uno de ellos.

- ¡No os podéis ir todavía! La noche es joven. Tenéis que venir a tomar unas cervezas conmigo. O un whiskey o lo que sea. El cuerpo me pide marcha… No se si sabes a que me refiero…

Shania puso los ojos en blanco.

- ¿Qué? ¿Es que acaso pensabas que los informáticos no tenemos mas vida que jugar al World of Warcraft y ver Battlestar Galactica?

***

Kyle no aceptó un no por respuesta y terminó arrastrándoles al pub más cercano, pidiendo una ronda tras otra. Shania rió como no lo había hecho en mucho tiempo y parecía que Ian también se divertía. Desde luego, ver a Kyle tirarle los tejos a una despampanante camarera era un espectáculo digno de ver.

Era casi media noche cuando Shania notó repentinamente el cálido aliento de Ian en su oído.

- Deberíamos irnos.

Shania asintió mientras intentaba convencerse a si misma de que el calor repentino que sentía en la cara era fruto del alcohol y tras apurar su copa, le siguió hasta la salida sin despedirse de Kyle, ya que parecía muy ocupado intentando no asfixiarse con la lengua de la camarera.

Cogieron la última habitación libre en un motel cercano. Estaba algo mareada por culpa del alcohol, así que decidió darse una ducha. Acababa de entrar en el baño cuando oyó a Ian decir que salía un momento y tras responder vagamente se metió en la bañera, como si esperara que el agua caliente se lo llevara todo. El cansancio, el miedo, la reciente sensación cálida en el estómago provocada por los ojos de Ian…


Cuando salió del baño Ian estaba sentado en la cama. La miró y le mostró la botella de tequila que tenía en la mano con una sonrisa. Al parecer no había tenido suficiente con la fiesta en el pub…

Shania suspiró. La ducha había eliminado solo el cansancio y el miedo.



- Solo beber no tiene gracia, Shania. Deberíamos jugar a “Yo nunca” o algo así.

Shania realmente no quería jugar a eso y no lo hubiera hecho de estar sobria, pero tras tres chupitos de tequila más lo que ya traía encima, estaba más abierta a ese tipo de juegos.

- Está bien, pero yo empiezo… - Ian sonrió y llenó los vasos. – Yo nunca he ido a la universidad.

Era una pregunta algo floja, pero tan buena para empezar como cualquier otra. Ian bebió el contenido de su vaso sin titubear.

- NYU. Literatura universal. No es que me haya servido de mucho, pero podría recitarte el soneto de Shakespeare que quieras de memoria.

Shania intentó no sonrojarse ante esa imagen.

- Yo nunca he besado a una chica. – dijo antes de beber el contenido de su vaso recién rellenado. Casi se atraganta cuando Shania lo hizo también.

- Una chica con la que compartí piso. Al parecer estaba colada por mi y tras una noche de fiesta me besó. Descubrí que no es lo mío. Me toca… Yo nunca he besado a un chico.

Ian rellenó los vasos y Shania cogió el suyo. Estaba a medio camino de bebérselo cuando vio que Ian hacía lo mismo.

- Universidad. – dijo como si eso lo explicara todo. – Tampoco es lo mío.

- No me digas que…

- Ni lo digas, Shania…

- ¿Kyle? ¿En serio? Dios, no me voy a poder quitar esa imagen de la cabeza en la vida…

Ian resopló mientras Shania reía. A esas alturas hubiera reído por cualquier cosa. El tequila restante estaba disminuyendo escandalosamente.

- Yo nunca he ido a un karaoke. – saltó Ian en un desesperado intento por alejar la conversación del tema de Kyle.

Shania rió y bebió.

- Créeme, no quieres saberlo… Pero fue el mismo día que mi compañera me besó, curiosamente.

- Entonces sí que quiero saberlo. - Shania le quitó la botella de la mano y llenó ella los vasos. – Hey, ¿Por qué tienes que ser la única con imágenes mentales?

- Yo nunca me he acostado con un compañero de trabajo. – dijo dando por terminado el punto anterior.

Ian pestañeó un par de veces antes de vaciar su vaso. Shania se mordió el labio sin darse cuenta.

- Fue durante la época en la que trabajé en McDonnalds. La chica estaba muy mona con la gorrita. - Shania rió. - ¿Qué? ¿Esperabas cotilleo? ¿Pensabas que sería alguien del casino?

- Honestamente… - Shania dudó unos segundos antes de seguir hablando. – Pensaba que salías con At… Lucy.

- ¿Lucy? No, que va. Lucy es mi amiga. La mejor. Prácticamente nos hemos criado juntos… Y estuvo saliendo con Kyle, pero mejor a Lucy ni se lo nombres. Ahora mismo es mi vecina. Decidimos venir juntos a Las Vegas y alquilamos pisos contiguos. Gracias a ella conseguí el trabajo en el casino.

Shania sonrió aliviada por alguna extraña razón que no quería descubrir.

- ¿Tu vecina?

- Sí, por eso solemos compartir coche. ¿Pensabas que nosotros…?

- En realidad todos lo pensábamos. Y Lucy solo reía cuando alguien le preguntaba por ti.

Por algún motivo el eco de la voz de Emma diciendo “No creo que Atlanta sea su tipo” le resonó en una parte particularmente estúpida de su cerebro. La voz de Ian la calló.

- Lucy es preciosa, pero no nos gustábamos de esa forma. Ni yo a ella ni ella a mí.

Shania seguía sin creerse que Lucy pudiera no gustar a un hombre, pero le dio el beneficio de la duda.

- Yo nunca he usado un nombre falso.

Shania sonrió de medio lado. No estaba tan borracha como para no saber por donde iba Ian. Cogió su vaso y bebió. Le vio fruncir los labios.

- Una vez en un bar un tipo asqueroso me estuvo dando la brasa toda la noche. Cuando me preguntó como me llamaba le dije que era Alicia.

Ian asintió con los ojos cerrados y una media sonrisa. El tequila prácticamente se había acabado y parecía que Ian iba a caer dormido de un momento a otro.

- Deberíamos ir a la cama.

Por alguna razón esa frase la hizo sentir incómoda. Ian pareció no notarlo. Eso de pedir una habitación con una sola cama para no levantar sospechas le estaba empezando a parecer un error.

- ¿Te importa si me quito los vaqueros esta vez? Son muy incómodos para dormir.

Shania negó con la cabeza muy concentrada en quitar los cuatro cojines de la cama. Habría jurado que solo había dos cuando llegaron. Se las apañó muy bien para no mirarle mientras se quitaba los pantalones y se metía en la cama. Shania apagó la luz, se tumbó en su lado y cerró los ojos deseando que la habitación y su estómago dejaran de dar vueltas por la mañana.

Ian tumbado junto a ella con la nariz a centímetros de la suya fue lo primero que Shania vio al abrir los ojos. Su pelo, completamente revuelto, era una maraña de rizos sobre la almohada. Shania no pudo evitar alargar la mano y hundirla en él. Cogió unos de los rizos y lo estiró. Sonrió al ver como volvía a su forma original, pero la sonrisa se le congeló en la boca.

- Mierda. – murmuró mientras se daba la vuelta tapándose la cara con las manos, intentando no prestar atención al hecho de que la mano de Ian estaba en su cintura. No estaba teniendo mucho éxito.

Carraspeó y se deslizó fuera de la cama intentando no estremecerse ante el tacto de su mano recorriendo su estómago. Una vez vestida, gritó su nombre un par de veces para despertarle. No había notado lo mucho que le dolía la cabeza hasta que lo hizo.

Ian gruñó y se tapó los ojos con un brazo, como un niño pequeño que no quiere ir al colegio. Shania insistió, lanzándole los vaqueros a la cara antes de salir de la habitación para buscar café.

Había intentado evitar ponerle nombre a lo que sentía, pero ahora que lo tenía, necesitaba ponerle fin más que nunca.

***

Parte VI
Tags: .original story, on a ride
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